El Pívot Norteamericano (o el Rebalancing)

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El pívot americano no es un jugador de la NBA muy alto. Se habla de “pívot” al giro que dio la política exterior norteamericana en el año 2011, bajo el mandato de Barack Obama, aunque tal política se había ido gestando desde presidencias anteriores. Con dicho giro se buscaba el objetivo de consolidar a USA como un actor clave en la región y jugar un papel de liderazgo en ella por un largo tiempo (Rudd, 2013). Esa apuesta se concretará en el conocido como «pívot o giro hacia Asia», —más tarde renombrado como rebalancing, probablemente en un intento de reba­jar los temores generados en la República Popular China (Xiang, 2012)— al que se refirió Hillary Clinton al recordar: «[w]e have said the 21st Century will be “America’s Pacific Century».

A diferencia de lo que ocurre en el caso de la Unión Europea y, en especial, de algunos estados como España, es innegable que los Estados Unidos han mantenido intereses (y presencia) en el área de Asia-Pacífico al menos desde la II Guerra Mundial. En este sentido, no resulta inapropiado afirmar que los Estados Unidos cuentan ya con una serie de intereses «tradicionales» en la región.

En el pensamiento estratégico norteamericano se ha ido imponiendo en estos últimos 20 años la idea de que un enfrentamiento militar de grandes dimensiones solamente sería factible en el Océano Pacífico, quedando Europa y el Océano Atlántico como un patio trasero de tal enfrentamiento, patio que, por otro lado, debería quedar al cuidado de los europeos coaligados en la OTAN que, a su vez, debería jugar un papel de contención de cualquier intento de expansión de Rusia hacia el Oeste.

A tal decisión de la gran potencia han contribuido los cambios en el este asiático, cambios entre los que hay que mencionar de forma especial, el ascenso de la República Popular China, el ascenso de la India, la reafirmación y creciente firmeza de Japón y al cada vez mayor activismo de Rusia en los asuntos internacionales. Del mismo modo, la buena salud económica de la región —al menos en comparación con otras—, en el contexto de la crisis económica global, la habi­lidad de la mayor parte de los estados para aprovechar las ventajas de la globalización económica y, en definitiva, el crecimiento económico de esta zona del mundo. Todo ello son elementos que han contribuido a explicar esa aproximación estadounidense y no poco el hecho de que China haya incrementado en un 200%,en los últimos diez años, el presupuesto militar y que la República Popular China cuente con misiles balísticos anti-barco o misiles de ataque que pueden alcanzar el territorio norteamericano.

La línea continuista que el presidente Trump ha iniciado con su viaje a extremo oriente, es una apuesta decidida por el refuerzo de la presencia de los Estados Unidos en Asia y esto no es nuevo. Bien al contrario, se remonta al menos a la Administración de George H. W. Bush y a los nuevos planteamientos en materia de política exterior que parecía razonable articular en el contexto del surgimiento de un «nuevo orden mundial». Así, ya en abril de 1990 los Estados Unidos lanzaban una «Iniciativa de Estrategia hacia Asia Oriental» y, en esa misma línea, entre 1990 y 1998, el Pentágono haría patente su intención de girar el centro de atención hacia Asia. Con el cambio de presidencia de Bush a Clinton no produjo alteración alguna en esta cuestión y, así, la Administración encabezada por el presidente Clinton trataría de impulsar la Comunidad del Pacífico —heredera de la Comunidad Transpacífica que, a imagen de la Transatlántica del siglo precedente, había aconsejado Henry Kissinger solo unos años antes pensando en la inevitabilidad del enfrentamiento norteamericano con China.

El pívot, ratificado ahora por Donald Trump va a forzar un cambio en la estructura de fuerzas armadas de los Estados Unidos, así como en sus capacidades, pues su misión no será ya solamente la lucha contra la insurgencia en Asia, como parecía que estaba ocurriendo en los últimos años. En este sentido, León Panetta, planteaba que, para 2020, la reestructuración de las fuerzas estadounidenses debería haber sido tal que los Estados Unidos contaran con el 60% de sus fuerzas en el pacífico y solo el 40% en el atlántico, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, en que la proporción es 50/50. Al propio tiempo, los Estados Unidos continuarán desarrollando nuevos conceptos operacionales que le permitan dar respuesta a los desafíos a que debe hacer frente en Asia-Pacífico, diferentes de los que ha encontrado previamente.

Donald Trump ha ido a ratificar la creciente presencia militar estadounidense en Asia-Pacífico que es bienvenida por numerosos estados en la región, como reconocen Japón, Vietnam o Sin­gapur —todos ellos socios tradicionales o recientes de los Estados Unidos en el área que nos ocupa—, puesto que ven en esta presencia una forma de compensar el poder de China en la zona y, en consecuencia, un medio para no estar únicamente en manos de esta.

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¿Cautivos y desarmados…?

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El ataque final a Barcelona El óleo de Antoni Estruch Bros (1872-1857) pintado en 1909 y titulado L’onze de setembre de 1714 muestra el asalto final a Barcelona en 1714. Rafael Casanova, conseller en cap de la ciudad, cae herido junto a la bandera de Santa Eulalia. Foto: Fons d’art Fundació Antiga Caixa Sabadell 1859

Cautivos y desarmados los nacionalistas catalanes el Gobierno de Mariano Rajoy ha alcanzado sus objetivos, las elecciones autonómicas catalanas han sido convocadas. ¿La guerra ha terminado?

En la situación actual llama la atención, después del apocalipsis que se había vaticinado con la declaración y entrada en vigor del artículo 155 de la Constitución, que las cosas vayan funcionado de forma tan normal en Cataluña.

La calma existente recuerda las palabras de James Fitz-James, I duque de Berwick, general al mando de las tropas borbónicas que el 11 de septiembre de 1714, entraron en Barcelona, poniendo fin a la larga Guerra de Sucesión española que duraba ya catorce años:

En la mañana del día 13 los rebeldes se habían retirado ya de todos sus puestos; se dio señal a nuestras tropas, que marcharon a través de las calles con tal orden hacia los cuarteles que se les había asignado, que ni un solo soldado salió de las filas. Los habitantes permanecían en sus casas, en sus tiendas y en las calles, mirando pasar a nuestras tropas como si fuese en tiempo de paz; una circunstancia quizá increíble es ésta: que tan profunda tran­quilidad hubiese sucedido en un instante a tanta confusión; lo que es todavía más admirable, que una ciudad tomada por asalto no fuese saqueada; esto sólo puede atribuirse a Dios, ya que todo el poder de los hombres no hubiese podido contener a los soldados”.

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James Fitz-James, I duque de Berwick

Es más, llama poderosamente la atención la docilidad con la que los nacionalistas han aceptado el estatus establecido por la aplicación del artículo 155 de la Constitución. A más a más, que dirían los mismos catalanes, llama todavía más la atención que los nacionalistas de “motu proprio” reconozcan que, en realidad, no estaban preparados para constituir un estado independiente en forma de república, aunque durante cuatro años, por poner un límite temporal, venían preparándola con cuerpo y alma, y toda clase de acciones en el exterior tendente a ello, utilizando abundantes medios económicos que se estiman por encima de los 400 millones de euros, de los cuales algunos provenían de las partidas presupuestaria dedicadas a dependencia social.

Ahora vamos conociendo cosas sorprendentes, entre otras, los intentos de adquirir por la Generalidad una importante partida de armas de guerra que no fue autorizada por el Ministerio de Defensa que debió preguntarse para qué querían tal arsenal los Mossos.

Hemos sabido que la Generalitat ante la perspectiva de no tener ejército propio había pensado en “arrendar” la defensa a algún país, es decir hacer una especie de “outsorcing of defense“. ¿En quién pensarían? Dado los apoyos internacionales que tienen, a quien único se me ocurre pensar es que fuese a la Federación Rusa, porque tratar de hacerlo con cualquier país perteneciente a la OTAN hubiese provocado un gran rechazo. Este posible contacto con Rusia es lo que debió desencadenar la reacción de la OTAN, y de sus países miembros, que se ha redoblado ante la acción al hackeo del referéndum del 1 de octubre hecho desde territorio ruso. Los servicios de información de todos los países occidentales dan por hecho que Rusia intenta desestabilizar todo lo que puede y más en concreto a la UE, pasándole factura por las sanciones económicas impuesta por la UE por la actuación de Rusia en Ucrania.

Ahora bien, pese esta especie de “Pax Mariana” que se ha impuesto, hay que saber que en Cataluña se sigue una trayectoria recurrente que trae una y otra vez al presente los viejos fantasmas que se han cernido siempre sobre España desde los Reyes Católicos que no supieron, o no quisieron, solucionar el problema de la existencia de una multiplicidad de reinos en el territorio de la Península Ibérica. Por ejemplo, lo del “arrendamiento de la defensa” a algún país extranjero, no es nada nuevo en el pensamiento separatista catalán. Ya durante la Guerra desencadenada en Cataluña contra Felipe IV, que duró desde 1640 hasta 1652, ya se propuso lo del arrendamiento de la defensa y lo de la república. Así, de esta forma Pau Claris, al frente de la Generalidad de Cataluña en 1640 impulsó la decisión de poner el territorio catalán bajo la protección y soberanía francesa. El 16 de enero de 1641, las instituciones gubernamentales catalanas pusieron a Cataluña “bajo protección del rey de Francia en un gobierno republicano”. Ahora se han recuperado las dos ideas: arrendamiento de la defensa y república.

En este panorama el desarme de los secesionistas es figurado. Todos los indicios llevan a esa conclusión. En efecto los esfuerzos por configurar la listas electorales para el día 21 diciembre, la inclusión de presos o procesados en ellas, los bandazos de Carmen Forcadell diciendo ante el Juez del Tribunal Supremo que “renegaba del proceso”, pero ahora incluyéndose en las listas…, la actividad propagandística de Carles Puigdemont que es entrevistado, incluso, por la cadena rusa RT… Volverán a las andadas, máxime cuando los pronósticos son que ganarán el 21 de diciembre.

Es poco tiempo el que se ha tenido desde la entrada en vigor de las medidas tomadas al amparo del 155 para desmontar lo que montaron los nacionalistas en tantos años.

El Gobierno de Rajoy hizo una utilización “muy política” del artículo 155. Digo “muy política”, no porque la utilización del artículo no implique una decisión política, sino porque se vio presionado por el PSOE y Ciudadanos para limitar mucho en el tiempo la toma del control de la Comunidad Autónoma por la Administración del Estado. Escasamente 55 días y como límite el 21 de diciembre, pero el artículo 155, hecho a imagen y semejanza del artículo 37 de la Constitución Alemana de 1949, es un instrumento jurídico político en manos de Estado que no establece límite temporal. Dice el artículo:

“Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés”.

Existen constituciones federales europeas que prevén la existencia de Regiones Autónomas y se inclinan preferentemente por la suspensión o disolución de los órganos regionales o de los Estados miembros en caso de graves violaciones del orden constitucional, y establecen plazos para convocar elecciones, que suele ser de tres meses. Así ocurre con la Constitución Federal Austriaca (art. 100), Constitución de la República Italiana (art. 126) y Constitución de la República Portuguesa (art. 234), Constitución belga (tras la reforma de 1993).

La Constitución española no establece plazos, ni determina las medidas. Deja abierto esa situación, pero el Gobierno, en realidad, se asustó ante el vacío que se le abría a él solo, sin ningún apoyo de otro partido, y se quedó a medias en la aplicación del artículo. En realidad, salvo la destitución del Govern, que no es poco, y la convocatoria de las elecciones, no ha hecho nada más.

Los separatista están cautivos, algunos, pero saldrán pronto, cuando pase la causa al Tribunal Supremo, y no están tan “desarmados” como se cree.

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