¿Por qué interviene Rusia en los procesos políticos de occidente, y cómo lo hace?

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En los últimos meses, en realidad más de un año desde las elecciones a la presidencia USA, se ha venido comentando la intervención rusa en los procesos electorales occidentales, incluido el referéndum catalán del 1 de octubre pasado. El gobierno español, algo intimidado por la presión diplomática rusa, distinguió entre intervención gubernamental e intervención desde el territorio ruso, al objeto de descafeinar algo la disputa. Sin embargo, la mayoría de servicios de inteligencia de los países occidentales reconocen abiertamente que la intervención gubernamental rusa se encuentra detrás de los ciberataques. ¿Pero qué motivos tiene Rusia para ello?, pues motivos para ello no le faltan (Ver boletín de noticias del Real Instituto Elcano del 7 de noviembre de 2017, citado más abajo) . Entre otros, los siguientes:

  1. Conseguir el fin de las sanciones económicas impuestas a Moscú por la anexión de Crimea y el apoyo económico y militar a los rebeldes pro-rusos en el sureste de Ucrania, provocando, así, la división interna de la UE.

  2. Presentar el modelo de democracia liberal como fracasado y sin credibilidad para dar lecciones morales a Moscú, además de como muy poco deseable para Rusia, ya que crea caos y desorden.

  3. Fomentar el “antioccidentalismo”, uno de los pilares del sostenimiento del régimen ruso, que mantiene una actitud muy arraigada de resentimiento y agravio hacia Occidente. Rusia es un país no sólo muy orgulloso sino también muy resentido y alienado. Gran parte de esta alienación se basa en una diferencia fundamental de puntos de vista rusos y occidentales sobre Europa, EEUU y la OTAN.

Hoy hemos leído en la prensa que el Gobierno español está preocupado por la injerencia en los procesos electorales por “agentes extranjeros” y trata de blindar el ciberespacio de cara a las elecciones catalanas. Un blindaje total del recuento de votos, por el control de los servidores donde se almacenan los datos es posible, aunque eliminar al 100% esa posibilidad en Internet es casi imposible, valga la contradicción, o bien su coste sería tan elevado que casi lo imposibilita.

Si el control de los servidores es más fácil, cabe por otra parte el ingreso ilegal en los sistemas de los colegios electorales. Pero el problema no estará en que se controle o no, sino en que al comprobar que se accede y proceder recontar los votos manualmente, el procedimiento quedará desacreditado a los ojos de cualquier observador y la merma de los votos separatistas se justificará como una injerencia del Gobierno español

Pero la influencia en la campaña electoral y/o en la voluntad de los electores es imposible de controlar. En el boletín de noticias del Real Instituto Elcano del 7 de noviembre de 2017, (ARI 86/2017), la investigadora Mira Milosevich-Juaristi del Instituto y profesora asociada de Historia de Relaciones Internacionales del Instituto de Empresa (@MiraMilosevíchl), firmó un interesante artículo sobre el tema titulado: “La “combinación”, instrumento de la guerra de la información de Rusia en Cataluña”, en el que plantea que:

“Los occidentales confunden “desinformación” con “guerra de la información”, y distinguen entre “ciberguerra” y “comunicación estratégica”, mientras el Kremlin usa la desinformación como uno de los instrumentos de la “combinación”, y demuestra en la práctica que la ciberguerra y la guerra de la información, aunque nos sean términos sinónimos, son interdependientes.

La doctrina militar rusa define como sus principales objetivos no destruir al enemigo sino influir en él —no la extinción de los oponentes sino su decadencia interna— y se vale para ello del traslado de la guerra desde los campos de batalla convencionales a la información, la guerra psicológica y la distorsión de las percepciones. Por tanto, está claro que la guerra con Rusia no es fundamentalmente un conflicto físico sino uno entre conciencias, porque, en última instancia, el objetivo es el de siempre: ganar la guerra en las mentes y en los corazones del enemigo.”

Así que una cosa es la desinformación y otra la guerra cibernética, mientras nosotros, el Gobierno español, diferencia entre una y otra, los rusos no. En este clima, en los próximos días, las agencias rusas, dependientes o no del gobierno, aunque vamos a ver quién se cree que son independientes del Gobierno de Putin, pondrán en marcha la “maquinaria de trolls y fake news” de Putin y eso no se podrá controlar como medio de influencia en la voluntad de los electores.

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El Pívot Norteamericano (o el Rebalancing)

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El pívot americano no es un jugador de la NBA muy alto. Se habla de “pívot” al giro que dio la política exterior norteamericana en el año 2011, bajo el mandato de Barack Obama, aunque tal política se había ido gestando desde presidencias anteriores. Con dicho giro se buscaba el objetivo de consolidar a USA como un actor clave en la región y jugar un papel de liderazgo en ella por un largo tiempo (Rudd, 2013). Esa apuesta se concretará en el conocido como «pívot o giro hacia Asia», —más tarde renombrado como rebalancing, probablemente en un intento de reba­jar los temores generados en la República Popular China (Xiang, 2012)— al que se refirió Hillary Clinton al recordar: «[w]e have said the 21st Century will be “America’s Pacific Century».

A diferencia de lo que ocurre en el caso de la Unión Europea y, en especial, de algunos estados como España, es innegable que los Estados Unidos han mantenido intereses (y presencia) en el área de Asia-Pacífico al menos desde la II Guerra Mundial. En este sentido, no resulta inapropiado afirmar que los Estados Unidos cuentan ya con una serie de intereses «tradicionales» en la región.

En el pensamiento estratégico norteamericano se ha ido imponiendo en estos últimos 20 años la idea de que un enfrentamiento militar de grandes dimensiones solamente sería factible en el Océano Pacífico, quedando Europa y el Océano Atlántico como un patio trasero de tal enfrentamiento, patio que, por otro lado, debería quedar al cuidado de los europeos coaligados en la OTAN que, a su vez, debería jugar un papel de contención de cualquier intento de expansión de Rusia hacia el Oeste.

A tal decisión de la gran potencia han contribuido los cambios en el este asiático, cambios entre los que hay que mencionar de forma especial, el ascenso de la República Popular China, el ascenso de la India, la reafirmación y creciente firmeza de Japón y al cada vez mayor activismo de Rusia en los asuntos internacionales. Del mismo modo, la buena salud económica de la región —al menos en comparación con otras—, en el contexto de la crisis económica global, la habi­lidad de la mayor parte de los estados para aprovechar las ventajas de la globalización económica y, en definitiva, el crecimiento económico de esta zona del mundo. Todo ello son elementos que han contribuido a explicar esa aproximación estadounidense y no poco el hecho de que China haya incrementado en un 200%,en los últimos diez años, el presupuesto militar y que la República Popular China cuente con misiles balísticos anti-barco o misiles de ataque que pueden alcanzar el territorio norteamericano.

La línea continuista que el presidente Trump ha iniciado con su viaje a extremo oriente, es una apuesta decidida por el refuerzo de la presencia de los Estados Unidos en Asia y esto no es nuevo. Bien al contrario, se remonta al menos a la Administración de George H. W. Bush y a los nuevos planteamientos en materia de política exterior que parecía razonable articular en el contexto del surgimiento de un «nuevo orden mundial». Así, ya en abril de 1990 los Estados Unidos lanzaban una «Iniciativa de Estrategia hacia Asia Oriental» y, en esa misma línea, entre 1990 y 1998, el Pentágono haría patente su intención de girar el centro de atención hacia Asia. Con el cambio de presidencia de Bush a Clinton no produjo alteración alguna en esta cuestión y, así, la Administración encabezada por el presidente Clinton trataría de impulsar la Comunidad del Pacífico —heredera de la Comunidad Transpacífica que, a imagen de la Transatlántica del siglo precedente, había aconsejado Henry Kissinger solo unos años antes pensando en la inevitabilidad del enfrentamiento norteamericano con China.

El pívot, ratificado ahora por Donald Trump va a forzar un cambio en la estructura de fuerzas armadas de los Estados Unidos, así como en sus capacidades, pues su misión no será ya solamente la lucha contra la insurgencia en Asia, como parecía que estaba ocurriendo en los últimos años. En este sentido, León Panetta, planteaba que, para 2020, la reestructuración de las fuerzas estadounidenses debería haber sido tal que los Estados Unidos contaran con el 60% de sus fuerzas en el pacífico y solo el 40% en el atlántico, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, en que la proporción es 50/50. Al propio tiempo, los Estados Unidos continuarán desarrollando nuevos conceptos operacionales que le permitan dar respuesta a los desafíos a que debe hacer frente en Asia-Pacífico, diferentes de los que ha encontrado previamente.

Donald Trump ha ido a ratificar la creciente presencia militar estadounidense en Asia-Pacífico que es bienvenida por numerosos estados en la región, como reconocen Japón, Vietnam o Sin­gapur —todos ellos socios tradicionales o recientes de los Estados Unidos en el área que nos ocupa—, puesto que ven en esta presencia una forma de compensar el poder de China en la zona y, en consecuencia, un medio para no estar únicamente en manos de esta.

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China vs USA ¿Cataluña vs España?

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Concentrados en nuestra crisis interna, aplicados a lamernos las heridas causadas por los nacionalistas catalanes a nuestro cuerpo estatal, sintiéndonos robados por las decisiones tomadas en el Parlamento y Gobierno catalán, no estamos prestando atención a lo que ha ocurrido estos días pasados en extremo oriente y que ocurre, hoy mismo en Vietnam. Razón tenía el presidente de la Comisión de la EU cuando dijo en su contundente discurso de agradecimiento por su nombramiento como doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca:

“La amenaza de los nacionalismos y su veneno sobre la Unión impiden que trabaje Europa de la manera conjunta para influir en la escena mundial”.

El dominio de la esfera mundial es justamente lo que se ha debatido en el escenario asiático y Europa ni ha estado ni se le espera. A USA sí. Al margen de su penosa campaña electoral en la que reiteradamente hostigó a China, el presidente Trump, mejor dicho, su equipo de asesores decidió que lo mejor era, y es, acudir a la boca del lobo y entrevistarse son su equivalente (y adversario) el presidente de la República Popular China: Xi Jinping. El resto de visitas, Japón, Corea del Sur y Vietnam, podrían calificarse, utilizando el lenguaje del baloncesto norteamericano, como “de los minutos basura”. Lo importantes es lo de China. Bueno, hay que dejar fuera de esos minutos basura la reunión con Vladimir Putin.

Según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional para 2017 para el PIB de los diferentes países, lo que se ha reunido en el extremo oriente ha sido:

Ranking País Millones de USD
1 China 23.194.411,00
2 Estados Unidos 19.417.144,00
6 Rusia 3.938.001,00

Comparativamente, teniendo en cuenta que el total del PIB mundial es de 126.688.083,00 USD, el porcentaje de correspondiente a cada país es:

País PIB % PIB Mundial
China + USA 42.611.555,00 33,6%
China 23.194.411,00 18,3%
USA 19.417.144,00 15,3%
Rusia 3.938.001,00 3,11%
País PIB % PIB Mundial
UE 20.852.702,00 USD 16,46%
España 176.881,00 USD 0,14%
Cataluña 0,04%

En los encuentros mantenidos estos días en Asia ha estado “representado” aproximadamente el 40% del PIB mundial.

La participación de la UE en este pastel es significativa, encontrándose entre China y USA, pero el problema es que la UE no es ningún estado, ni federado, ni confederado, ni nada. Carece de fuerza militar que sea capaz de proyectar su poder, de policía unificada, de tribunales federales de justica, de un presupuesto efectivo…

Tres conflictos del siglo XX -la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial y la guerra fría- representaron el clímax final de la era industrial e hicieron surgir la sin igual riqueza que vemos hoy en el mundo, aunque la riqueza esté mal repartida.

El sistema de riqueza que se inició en Estados Unidos al finalizar la SGM ha atravesado en unas pocas décadas el Pacífico y transformado Asia. En los próximos decenios, llegará también a América Latina y África.

Detrás de esta transformación mundial se encuentran cambios sin precedentes en el ámbito del fundamento profundo de la riqueza. En ninguna parte está más claro o es más revelador que en el histórico auge de Asia y en el gran despertar de China.

Al finalizar la presidencia de Jiang Zeming (27.3.1993 – 14.3.2003), China había superado económicamente a Japón y se había convertido en la tercera nación en importancia comercial del mundo, por detrás de Estados Unidos y Alemania. Aquel mismo año, China tenía más de quinientos mil millones de los tres billones y medio de dólares de reservas mundiales en divisa extranjera. Poseía casi ciento setenta y cinco mil millones de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos -cantidad superada solo por Japón-, lo que la situaba en posición de convulsionar el conjunto de la economía global solo con que decidiera sustituir los dólares por euros o por una cesta de otras divisas. En poco más de dos décadas, China se había convertido en una fuerza gigantesca que se cernía sobre la economía mundial.

Durante la presidencia de Hu Jintao (15.3.2003-14.3.2013), el crecimiento de la economía china no cambio mucho respecto a la década precedente. La sustitución del presidente Jiang Zemin por Hu Jintao no reflejó un cambio en la política china. Muchos consideraban que el gobierno de Zemin seguía la estrategia de «la ciudad, primero». Cuando Jintao asumió el cargo, hizo un recorrido simbólico por el interior del país, prometiendo mayor ayuda al oprimido campesinado. Sin embargo, en cuanto estuvo de vuelta, como si hubiese leído lo que decía el General Franco: “Pon el intermitente a la izquierda y gira a la derecha”, reemprendió la política de su antecesor. En realidad, el Partido Comunista Chino consideraba que la ayuda al interior era una gigantesca pérdida de dinero y, en su lugar, propuso realojar a unos cientos de millones de campesinos en el cinturón industrial del nordeste del país.

Se trataba de un proceso clásico, muy semejante a la migración forzosa de campesinos británicos a las ciudades a finales del siglo XVIII y principios del XIX, espoleados por la legislación conocida como Enclosure Acts. Consecuencia de ello fue la continua ampliación de la reserva de mano de obra de salarios bajos y la subsiguiente aceleración en la transformación de Inglaterra de una economía agraria a otra industrial.

Al finalizar la presidencia de Hu Jintao y asumirla el actual presidente Xi Jinping (15.3.2013) la potencia de China se ha incrementado, hoy figura como el primer país en el ranking del FMI en cuanto a la producción de PIB.

Hoy vemos el flujo de productos chinos baratos compitiendo con los fabricantes de componentes electrónicos mexicanos, de ropa indonesia o de hilo de cobre colombiano. Estos productos salen de las fábricas chinas de la era industrial con obreros mal pagados. Pero China también tiene empresas de alta tecnología que han comenzado a conquistar el mundo. Así, Lenovo, principal fabricante de PC del mundo, compró la división de fabricación de PC de IBM. Huawei, su gran empresa de tecnologías de la información, se jacta de tener diez mil trabajadores en I+D y de mantener laboratorios en la India, Gran Bretaña, Suecia y Estados Unidos. Está asociada con Intel, Microsoft, Siemens y Qualcom para producir equipos de comunicaciones.

Asimismo, la expansiva dimensión espacial de China pronto será también más patente en las finanzas. A finales de 2003, China había puesto en marcha más de tres mil cuatrocientas empresas en ciento treinta y nueve países distintos. De hecho, según la Conferencia de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas, para finales de 2004 se esperaba que China se hubiera convertido en el quinto mayor proveedor mundial de inversión extranjera directa a otros países, eclipsando incluso a Japón.

En teoría, el impulso de China, tan concentrado en la expansión económica debe tener al país lo bastante ocupado como para no pensar en aventuras militares exteriores. Sin embargo, sus vecinos asiáticos observan con creciente preocupación su enorme presupuesto militar, que se multiplicado por veinte entre 1991 y 2015.

En este aspecto, también se aprecia una ampliación de sus intereses geográficos. China ha desarrollado un gran programa de aviones no tripulados de gran radio de acción y equipo para repostar en el aire, que amplían la capacidad de su fuerza aérea. Dispone de misiles nucleares que pueden alcanzar objetivos en todo el territorio de Estados Unidos, e intenta transformar su armada -concebida, en su día, para proteger las aguas territoriales chinas- en una flota de alta mar, con armamento nuclear capaz de llevar a cabo operaciones cada vez más lejanas.

China está llevando a cabo un audaz programa marítimo que, según ha dicho el almirante japonés Hideaki Kaneda, incluye la construcción de «una serie de bases estratégicas y diplomáticas -una denominada “ristra de perlas”- a lo largo de las principales rutas marítimas desde el mar del Sur de la China hasta el rico en petróleo Oriente Próximo». Según Kaneda, otros proyectos militares incluyen la construcción de un puerto en Pakistán para «tener controlada la garganta del golfo Pérsico», la construcción de instalaciones de inteligencia en las islas pertenecientes a Myanmar, la construcción de un canal de veinte mil millones de dólares en Tailandia para proporcionar una alternativa a la ruta del petróleo que evite el estrecho de Malacca, y la construcción de pistas capaces de recibir bombarderos de largo alcance en las disputadas islas de Spratley y Paracel.

Así, China se está convertido en la primera potencia económica del mundo a quien solamente puede hacerle frente USA, y en eso estamos en estos días de los encuentros en Seúl, Tokio, Pekín (Beijing) y Hanoi. La tensión se manifiesta en forma de los enfrentamientos norteamericanos con Corea del Norte, pero pese a las amenazas y ofertas de Trump a China para llevar una política común frente a Corea del Norte, Pekín, secundado en esto por Moscú, se resiste a llevar acciones contra Corea del Norte, tratando de compensar la fuerte presencia de Estados Unidos en el patio trasero de China que es Taiwán y Corea del Sur.

Hasta ahora China se concentra en su desarrollo económico sin dejar de lado su desarrollo militar y aunque China está más interesada en el dominio económico no es descartable el incremento de la tensión en la zona. Al final, podría abrirse paso el axioma de Von Klausewitz: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”.

Como ya se ha dicho antes, la Unión Europea como ente político está fuera de esa competencia internacional: El debate en su seno es si un país de sale y cómo sale: Brexit, o si una región de un país se independiza de ese país: Cataluña. ¿A quién se le ocurre pensar que la provincia de Tianjin, considerada como las más rica de China o California, van a iniciar un proceso de secesión de los estados de los que forman parte?

Hoy China se encamina, bajo el mandato de Xi Jimping, que, tras una sonrisa bonachona, pero con puño de hierro la dirige, a ser en el año 2020 el país más poderoso del Mundo.

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